lunes, 14 de diciembre de 2009

Cantidad + Calidad = I+D+i Productiva

A lo largo de estas semanas se ha puesto de manifiesto el rechazo a la más que previsible reducción en los presupuestos generales del estado de las partidas destinadas a la Investigación y Desarrollo (I+D). Sin embargo no es objeto de este artículo esgrimir argumentos acerca de la necesidad de incrementar los fondos públicos previstos a este apartado. Necesidad por otro lado obvia, al albur de los bajos ratios acerca de la inversión en I+D que se realiza en España.


Aprovechando el creciente interés por la materia, sí que creo necesario reflexionar acerca de otros aspectos anejos a éste que, bajo mi punto de vista, son clave para incorporar al debate y que nos puedan servir para mejorar los destinos que vamos a dar a esas partidas. Me gustaría comenzar con dos premisas que entiendo necesarias. Primera: La i+d no debe ser vista como un fin en si mismo sino como un medio que, según se viene demostrando a lo largo de estos años, resulta extremadamente eficaz para obtener ratios deseados de productividad y competitividad; en definitiva progreso y crecimiento para un país. Segunda: el Estado se está configurando, y yo estoy de acuerdo, como un agente necesario para el fomento de la I+D, que siempre debe contener unos objetivos claro de resultado. Dinamarca y Finlandia son claros ejemplos. Algunos autores como Robert D. Atkinson presidente de la Information Technology and Innovation Foundation creen en esta teoría.

El gobierno español ha venido realizando en estos últimos años un esfuerzo relevante en cuanto a gasto público a I+D. Aplicado dicha fuente de financiación al ámbito empresarial, la Administración española viene utilizando tres mecanismos financieros de apoyo a la I+D: a) subvenciones a fondo perdido; b) préstamos a tipos de interés 0 y c) deducciones fiscales a proyectos de I+D e Innovación tecnológica. Este hecho ha tenido como consecuencia que en la última década el crecimiento del gasto en I+D en España haya sido sostenido. Según los últimos datos extraídos del Instituto Nacional de Estadística, la inversión en I+D en España ascendió en 2007 a 13.342 millones de € o lo que es lo mismo, uno 1,27% del PIB. Pese a ese esfuerzo, desde un punto de vista cuantitativo todavía estamos por debajo de la media de la Unión Europea que actualmente ronda el 1,85%. Los Países europeos que más invierten son Suecia con el 3,60% y Finlandia con el 3,47%.


Si analizamos las fuentes de financiación de esos 13.342 millones de €, el 45,5% se financia por el sector privado y el 47% por la administración pública. El resto viene financiado por fondos procedentes del extranjero y otros. Resulta curioso cómo el porcentaje dedicado por el sector empresarial ha ido decreciendo. En el año 2006 ascendía al 47,1%. Además, si a esta cifra le restamos los 2.800 millones de € que el Gobierno otorgó en 2007 en préstamos a entidades privadas, y que a efectos estadísticos computan como aportación empresarial mediante gastos propios, tenemos que el % real en ese año fue aproximadamente del 24,5% sobre la inversión total. Si comparamos estos datos con los Países más avanzados tecnológicamente, resulta que la diferencia es totalmente abismal.
Como comentaba anteriormente, este dato resulta absolutamente relevante en la medida en que para que el conocimiento generado por las actividades de I+D tenga un impacto en el desarrollo económico de un País es necesario transformarlo en aplicaciones útiles para la industria y esta labor se realiza en gran medida por el sector empresarial, aplicando estrategias de gestión de la innovación. Y en la medida en que el sector empresarial asuma mayor peso en la financiación de la I+D, ésta estará orientada a unos objetivos de crecimiento y productividad empresarial.



El peso tan reducido real de la inversión empresarial española con respecto al total del gasto nacional en I+D no tiene otra lectura más que la de que la empresa privada no contempla dicha inversión como algo estratégico; lo cual significa además que en momentos de crisis como el actual es más que previsible que dicha inversión se haya reducido considerablemente en estos dos últimos años.
Por otro lado, si como hemos comentado antes, la inversión en I+D es una fuente de incremento de productividad y competitividad esta claro que en este punto en España tampoco hemos acertado. Desde mi punto de vista, el impacto que la I+D debe ejercer sobre estos ratios comentados no será efectiva en nuestro País en la medida en que, como hemos dicho con anterioridad, el peso de la inversión privada no sea mayor.



Por tanto, desde mi punto de vista, al aumento de la cantidad de inversión en I+D debe ir acompañada también un aumento en su calidad, entendida esta como su materialización en futuras innovaciones tecnológicas con éxito en el mercado. Creo que a este debate hay que añadirle la reflexión de si el destino que se la ha dado a ese gasto en I+D en los últimos años ha sido el correcto.



Así pues y tomando como punto de partida las dos premisas comentadas al inicio de este artículo, incrementar los niveles de inversión en I+D sin aplicar una correcta estrategia que permita hacer buen uso de ello, no garantiza en absoluto el éxito. Para ello es necesario canalizar y orientar correctamente esa inversión. Y ahora más que nunca, si tenemos en cuenta la más que previsible reducción de la inversión pública en I+D. Por tanto, creo que el dinero que destine la administración pública a la I+D debería contemplar prioritariamente los siguientes objetivos:
 - Comunicar la absoluta necesidad estratégica de incrementar los gastos privados a actividades de I+D. Para ello sería necesario concienciar al empresariado español del significado e impacto de la I+D en las organizaciones. Sobre este aspecto creo muy relevante facilitar el acceso a toda esta información de una manera clara y bajo un único punto de acceso.


- Comunicar que la I+D es algo únicamente cuantitativo sin también cualitativo. Una mayor inversión debe ir acompañada de un sistema de gestión de la innovación. Un proyecto de I+D sin una correcta gestión de la innovación tiene elevadas probabilidades de fracaso. Para ello resulta necesario apoyar la elaboración de estudios del estado del arte así como el diseño de sistemas de vigilancia tecnológica que minimicen el riesgo de la I+D.
- Diseñar un plan estratégico para las PYME que serán las más afectadas en estos momentos: resulta necesario atraer capital privado semilla tecnológico que apueste por las PYME tecnológicas. Para ello, es necesario que dichas empresas cuenten con buenos planes de negocio y de generación de activos tecnológicos. La Administración debería apoyar el desarrollo de dichas actividades. Asimismo, entiendo necesario crear planes de ayudas a fondo perdido a proyectos de I+D en los que los beneficiarios sean única y exclusivamente las Pyme. Mientras que las grandes empresas pueden mantener sus inversiones en I+D con cargo a fondos propios, con la actual crisis de liquidez las PYME serán las que en mayor medida reduzcan este tipo de inversiones. Tanto las subvenciones como los préstamos a tipo de interés 0 deberían ir en mayor medida a este perfil de empresas. De hecho diversos estudios confirman que el secreto del éxito de los altos niveles de innovación en Estados Unidos reside en las PYME.
- Todos los planes de apoyo financiero por parte de la Admnistración deberían contemplar seguimientos de cumplimiento de objetivos de resultados, tanto económicos como tecnológicos: patentes generadas, exportación de tecnología, etc. 







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domingo, 22 de noviembre de 2009

Políticas de apoyo a la I+D

Aquí os dejo un artículo que me publicó el diario expansión el pasado viernes 13 de noviembre. El objetivo era comunicar la necesidad imperiosa de que por parte del Estado se atiendan a criterios no solo cuantitativos, sino también cualitativos en cuanto al fomento de la investigación, desarrollo e innovación: (I+D+i). Aquí os dejo también un enlace por si alguien quiere descargarse el documento

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Una grieta que se ensancha en la capacidad competitiva de España

Publicado por: Óscar Viñes

Entiendo que no es ociosa una consideración más sobre la añadida pérdida de competitividad en la industria española que se incuba en la establecida reducción –del 5,52 por ciento– del gasto en I+D dentro de los Presupuestos Generales del Estado. Incluía este periódico no más tarde que el pasado viernes una información sobre el retroceso de nuestro país en el ranking europeo respecto de la eficacia de la I+D+i (Inversión, Desarrollo e innovación). Se trata de un epígrafe en el que ya hemos sido superados por Rumanía y Turquía, al quedar descolgados hasta el puesto 23 de un total de 30, a la hora de medir el retorno efectivo de las inversiones.
Aunque la reducción prevista en términos globales se establece, tal como decimos, en el 5,52 hay algunos apartados, como en el de las asignaciones a fondo perdido, donde la bajada se establece en un 25 por ciento. Destaca especialmente la reducción que corresponde a las subvenciones destinadas a proyectos relacionados con Telecomunicaciones y Programas Espaciales. En estos casos la subvención desciende en más de un 66 por ciento.

Al tomarse estos porcentajes como referencia a las asignaciones establecidas en los Presupuestos del año anterior, destaca sobremanera, además de las cuantías relativas a los distintos epígrafes del rebajado apoyo en este estratégico apoyo a la competitividad de la economía nacional, el porte de la contradicción que con ello se establece entre el manifestado propósito de cambiar el modelo productivo, en términos de una mayor competitividad, y la aminoración de los resortes más estratégicos y decisivos para llevar adelante este propósito.
Como no podía ser de otra manera, este contradictorio retroceso en la asignación de los recursos previos para el cambio de modelo productivo en sus capítulos más significativos, puesto que el aumento de la productividad es determinante de mayor competitividad, ha disparado las críticas de la comunidad científica.
Tanto en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas como en las diversas Asociaciones empresariales de este sector y en los centros más significativos de generación tecnológica, se subraya esta contradicción tan grave entre el reconocimiento de las necesidades más perentorias de nuestra economía y la manifiesta subordinación de estos objetivos estratégicos a otros menesteres y necesidades de condición menos preferente, al menos en términos de urgencia y oportunidad.
No se trata únicamente de aumentar los fondos destinados al I+D sino de, por razones de urgencia podría decirse que nacional, aplicar aquello de que se dispone a proyectos nítidamente selectivos por su posterior oportunidad en la generación de productos e ideación de servicios con gran potencial de penetración y asentamiento en el mercado.

En resumen, mucha de la I+D que realizan las empresas financiada con cargo a los Presupuestos del Estado es un I+D que no se traduce en los buscados cambios del modelo productivo. Con lo que se establece la evidencia de que no sólo se aplican recursos insuficientes en el I+D sino que lo que se hace con ello habría de hacerse mucho mejor. En lo que al esfuerzo del Estado se refiere, cabe decir que no sólo hace falta empujar más frente a los apremios de la crisis y la necesidad de salir cuanto antes de ella. Hay que empujar en la dirección correcta y con las modulaciones más ajustadas y precisas.

Si la inversión empresarial en I+D es muy baja en términos absolutos y relativos, resulta fundamental apoyarla por vía de subvenciones, ya que de ella se deriva la transformación del conocimiento generado en aplicaciones útiles para la industria y los servicios. Por eso es necesario considerar que el impacto que la I+D sobre la productividad y la competitividad no será lo necesariamente efectivo en España mientras no sea mayor y alcance magnitudes críticas el peso de la inversión privada, dado que ésta es la que asigna con mayor eficiencia los recursos.
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miércoles, 14 de octubre de 2009

Marketing aplicado a las ayudas a la I+D

Como en todo en esta vida, un poquito de marketing puede mejorar la perspectiva del producto o servicios que uno vende. ¿Es posible emplear este término para incrementar las posibilidades de conseguir una subvención para proyectos de I+D?
Desde mi punto de vista no solo es posible sino que es absolutamente recomendable. Partimos de la premisa de que el proyecto es a priori calificable como de I+D: se pretende llevar a cabo una serie de actividades enfocadas a adquirir nuevos conocimientos, nuevos o mejoras significativas en productos o servicios que implican una novedad objetiva y que cuentan con un potencial de aplicación en el mercado. Pero también es cierto que no todo proyecto de I+D consigue la tan ansiada subvención. Las causas pueden ser variadas: restricciones presupuestarias, otras prioridades, etc.

En estos momentos actuales de crisis, más si cabe es necesario aplicar este concepto. El nùmero de solicitudes de subvención aumenta y el presupuesto disponible decrece.
Entonces ¿Cómo puedo incrementar las posibilidades de obtener subvención? El marketing puede ayudar. O como yo lo llamo, construir un “ecosistema” de la I+D que permita al evaluador contar con evidencias e indicadores de que el proyecto es merecedor de la subvención.
Aquí van algunas pistas que ayudan a vender el proyecto: Laboratorio de I+D, cooperación, patente, Internacionalización, Sistema de gestión de I+D, Clusters, Parques Tecnológicos….


Oscar Viñes
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jueves, 8 de octubre de 2009


Me sumo a la iniciativa de crítica al gobierno por el recorte a la I+D del proyecto de presupuestos generales del Estado para 2010.

En marzo de este año, nuestro Presidente comentaba en un foro lo siguiente: “La innovación es un instrumento para enfrentarnos a la actual coyuntura económica". Y en abril, Zapatero mostraba la disposición del gobierno a “hacer más esfuerzos” en materia de I+D.

Además el Ministerio de Ciencia e Innovación difundía hace apenas dos días, que España genera el 3% de la ciencia mundial, y destacaban el especial esfuerzo realizado por el Gobierno en la legislatura 2004-2008, con una inversión de 8.704 millones de euros.

Resulta que ya para este año 2009 los Presupuestos Generales del Estado destinados a subvenciones a fondo perdido y anticipos reembolsables para I+D se redujeron drásticamente con respecto a las anualidades anteriores. Me pregunto si el esfuerzo que se ha realizado hasta 2008 en materia de ayudas va a encontrar su continuidad en la segunda legislatura. En 2009 ya sufrimos recortes y se empieza a perfilar el mismo escenario para 2010. ¿Es este el camino para convertirnos en un referente en términos de Innovación?

Os incluyo una tabla con cifras obtenidas de los Presupuestos Generales del Estado


2007 2008 2009
Total ayudas sector privado I+D 3,213,489.37 € 3,798,504.76 € 2,399,091.79 €
Ayudas a fondo perdido para empresas 386,778.09 € 539,267.82 € 359,114.88 €
Préstamos fuera del sector público 2,826,711.28 € 3,259,236.94 € 2,039,976.91 €

Según el Ministerio de Ciencia e Innovación, en la actualidad hay 11.000 empresas innovadoras en España, cifra que tiene que aumentar hasta las 48.000 para conseguir una economía basada en el conocimiento, ¿Cómo va a ser posible alcanzar estos objetivos si se reduce el presupuesto en I+D en un 15%?. Este recorte en estas partidas anularía el esfuerzo realizado en años anteriores por incrementar el nivel de inversión en I+D. Además los más perjudicados serían las Pyme puesto que se quedarían sin “músculo” para llevar a cabo sus proyectos de I+D; más aún con la coyuntura actual de grave crisis financiera. Si los bancos ponen pegas si quiera para otorgar avales a las Pyme, ¿cómo les van a conceder préstamos para proyectos de I+D?

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